Aula de teología desde el Corazón de Cristo

Participación del seminario mayor del Sagrado Corazón de Jesús y Nuestra Señora del Rosario en el primer bloque de conferencias “Educar el corazón de los jóvenes en la escuela de los grandes santos maestros”, titulado el apartamiento del corazón, los días 20 y 21 de febrero de 2017, impartidas por el profesor D. Emili Boronat, profesor de la universidad “Abad Oliba” de Barcelona.

A continuación presentamos un breve resumen del contenido de las cuatro sesiones de conferencias.

Sesión 1. Introducción general. La definición de la educación católica.

En síntesis, la primera sesión abordó la cuestión de la educación católica en una comparación con la Escuela Nueva, nombre con que se designa a las nuevas propuestas educativas de la pedagogía contemporánea.

La educación católica o cristiana consiste en hacer cambiar el corazón, en hacer capaz al corazón del hombre de amar lo más grande: Dios. Sin embargo, el panorama que se observa en la educación actualmente es el de una preocupación por la “competencia”, entendida tanto en el sentido de la competencia entre instituciones educativas, como en el de estar a la altura de las nuevas exigencias y de las novedades, el ser competentes. Esto se convierte en un apartarse de Cristo, preocupados más por la administración y el márquetin que por la verdadera educación.

Podemos analizar la crisis actual y encontraremos que responde a ciertos “fundamentos”.

Uno de ellos es el debilitamiento de la fe. Ante esta situación hay que preocuparse por encontrar la manera de hacer más vida cristiana en los colegios.

Otra de las razones es el descuido de la tradición cultural de la iglesia, y este descuido se da tanto en el sentido antropológico como en el sentido filosófico y en el sentido epistemológico.

El distintivo de los colegios católicos es la convicción de que la razón puede ser iluminada. La fe se ha comenzado a debilitar cuando caminar sin la razón.

El punto de partida de la educación cristiana tiene que ser una educación teológica (la pedagogía de Dios con Israel), en la que es Dios el que educa, es Cristo el que educa. Tiene que ser una participación del acto creador, redentor y santificador. La educación cristiana, pues, parte de Dios. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la educación cristiana también es afectada por el pecado.

Dentro de lo que podemos hacer para impulsar la educación cristiana está la alegría. Hay que generar emoción, mostrar lo emocionante, ser capaces de transmitir el milagro de Dios. Hay que evitar una “educación desgraciada”, es decir, sin gracia, fría. Todo esto se da también por un afán de ser rigurosos en la enseñanza.

Dentro de las cosas que hay que evitar está el caer en los dualismos, pues este ha sido uno de los errores de la educación católica. Los chicos, al parecer, necesitan negar para afirmar; han renunciado al conocimiento analógico y optado por la dialéctica. Fruto de todo esto es la preocupación del mundo contemporáneo de someter todo a reglas. En fin, el modo dialéctico de pensar las cosas conduce a un univocismo, lo que a su vez desemboca en un monismo.

Ante esta situación hay que buscar la manera de explicar la realidad que es armónica, jerárquica y graduada. Esto se puede lograr mediante la percepción analógica de la realidad.

Otra de las dificultades que se presentan en la actualidad dentro de la educación cristiana es una tendencia a prescindir de la memoria, pues en lugar de aprender y memorizar, se pide sólo entender.

Las conclusiones presentadas de esta primera sesión son:

–          Hay que profundizar de nuevo las verdades de la fe.

–          Hay que recuperar la razón: sin razón no hay aceptación de la fe, sólo emotividad.

–          Hay que liberar a las escuelas católicas de la “Escuela Nueva”.

–          Hay que tener en cuenta que la escuela tradicional no es la educación cristiana.

–          La educación católica es amar con la cabeza y conocer con el corazón.

Sesión 2. Naturaleza y cultura en la pedagogía contemporánea

En la segunda sesión de las conferencias se comenzó a analizar la pedagogía contemporánea, denominada “Escuela Nueva”. Partimos recordando que la Educación católica consiste en sentirse educados por Dios, es un medio para colaborar con los medios que Dios ha dispuesto para educar al hombre. Dentro de esta educación católica no hay “expertos”, sino modelos o santos que participan, de alguna manera, del magisterio de Cristo.

La Escuela Nueva constituye una crítica sociopolítica a la educación tradicional, esta propuesta pedagógica contemporánea tiene tres fundamentos:

  • Rousseau,
  • Funcionalismo psicológico,
  • Kant.

Rousseau es el primero de los fundamentos, y es el que se analizó durante la segunda sesión. A pesar de ser considerado un ilustrado, Rousseau en realidad es un postilustrado.

Rousseau se convierte en el fundamento teórico de toda la nueva pedagogía, es el aspecto filosófico de la misma. A este autor se le debe leer desde la perspectiva panteísta de Spinoza.

Partimos de dos obras del joven Rousseau. La primera de ellas es titulada Sobre si la divulgación de las ciencias y de las artes han hecho una humanidad mejor; hay que tomar en cuenta que Rousseau se ubica ya en la época de la Enciclopedia, posterior a la época de las ideas. Desde aquí comienzan las dificultades, pues la respuesta del Rousseau es que las ciencias y las artes corrompen a la humanidad, el defiende que por naturaleza tenemos una inclinación natural al bien.

La segunda obra del joven Rousseau es el Discurso del origen de la desigualdad de los hombres; en este discurso sostiene que la razón no es liberadora, sino calculadora y egoísta, codiciosa y malvada, pues solo en su estado natural inocente y primitivo el hombre había desarrollado lo necesario para vivir en paz y armonía. Es el hombre en su estado primitivo.

La relación entre naturaleza y razón la hace desde un planteamiento racionalista, que parte de la idea dual que separa la res extensa y la res cogitans. Como fruto tenemos la contraposición entre naturaleza – res extensa – y cultura (razón) – res cogitans – tan característica de sus planteamientos.

Las dos obras que plantean con mayor fuerza sus convicciones son El Emilio y el Contrato social, ambas de 1762.

La cuestión es determinar si la cultura es naturaleza o no. Naturaleza se puede entender de dos maneras, o bien como el modo propio de cada ser, o bien como el conjunto de los seres naturales. De lo que aquí se trata es del modo propio de cada ser.

La respuesta clásica es clara: lo propio del hombre es el acto intelectivo, por el que tiende a la verdad, y el acto volitivo, por el que tiende al bien. Para Aristóteles todo hombre desea por naturaleza saber, conocer.

Rousseau en cambio contrapone el “dentro” y el “fuera”. Para él la naturaleza es el instinto, que es vida, tendencia a la vida, en cambio la razón es un añadido, y es contrario a la vida.

El concepto de naturaleza de Rousseau es de corte panteísta, pues considera que la naturaleza es toda ella inmanente, nada es trascendente, por lo que no hay Dios en la naturaleza, pues la naturaleza es Dios.

La razón entonces es un instrumento que surge, no es que sea propio de la naturaleza del hombre. La naturaleza es lo absoluto. El instinto fluye de la vida a la vida.

La naturaleza en estado puro es inocencia, es instinto puro, pero se ve destruida por lo que no es naturaleza: cultura, razón, religión, educación, escuela, etc. El paradigma de esta concepción de naturaleza es el niño. Entonces, según Rousseau, podemos dejar entregado a sus pasiones y deseos, y no harán cosas malas, y en caso dado llegaran a hacerlas, es porque ya se le ha alterado en algún momento; hay que dejar actuar a la naturaleza, pues la naturaleza se autorregula. Autorregulación y espontaneidad son, pues, conceptos claves de la pedagogía contemporánea.

La naturaleza, pues, busca saciar el instinto. La educación lo que hace es meter de “fuera” hacia “dentro”, cuando en realidad lo que se debe hacer es dejar que todo salga de dentro, puesto que lo bueno o malo no lo es por sus consecuencias, sino por su origen, y lo que sale de dentro es bueno, puesto que la naturaleza obra siempre bien. El bien se identifica con la facultad de poder, el poder hacer, y el mal es todo lo que coarta la posibilidad de hacer.

El hombre, pues, se mueve por el deseo y por el temor (por el instinto), lo que realmente mueve es el satisfacer las necesidades. La razón entonces es una transformación evolutiva de las pasiones y su finalidad es satisfacer las necesidades. Los proyectos planteados por la nueva pedagogía nacen, pues, de las pasiones de los niños, de esa búsqueda de la satisfacción de las necesidades. Es, por tanto, un paidocentrismo; el niño es la verdad, puesto que la verdad sale del niño.

 

Sesión 3. Utilitarismo y pragmatismo en la pedagogía contemporánea

El concepto central de la sesión es la adaptación. Es el intento de dar bases científicas a la educación contemporánea.

Se parte del hecho de que la renovación pedagógica responde a un deseo sincero de superar algunas trampas en las que hemos caído. Algo que se ha de tener en cuenta es que la educación católica no es la educación tradicional, como ya se ha apuntado antes: lo que ha sucedido es que hemos abandonado la tradición educativa. La perspectiva intelectualista no corresponde a la escuela católica, aunque ese racionalismo-voluntarismo sí que la ha influido. Entonces, si por superar la educación tradicional se entiende superar el intelectualismo, el deseo es correcto.

El darwinismo está, en la pedagogía contemporánea, en el fundamento del intento de dar base científica a la educación. El darwinismo es un evolucionismo, es un biologicismo.

En este intento se parte del hecho de que el psiquismo evoluciona: en la concepción tradicional se entiende por esto el hecho de la actualización del alma, donde no hay cambio cualitativo, sino cuantitativo, pues el alma actualiza sus potencias. En cambio, en el sentido contemporáneo, significa un cambio cualitativo. En este sentido, la psicología moderna es heredera del darwinismo.

El darwinismo es el punto de partida del biologicismo, que está dentro de la pedagogía contemporánea, con el concepto de la adaptación; desde esta perspectiva, la labor del adulto/profesor sólo se reduce a ayudar a que el niño haga efectiva esa adaptación, sólo acompaña y facilita su adaptación al “entorno”, hablando en lenguaje de la pedagogía contemporánea.

El punto de vista biológico es paralelo al funcionalismo psicológico. Desde este ángulo, el cerebro se convierte en un todo organizado con orientación a un fin y cuya función esencial es la adaptación.

La verdad se ve como la utilidad: “no vivimos para pensar, sino pensamos para vivir”.

Se persigue, de alguna manera, el ideal griego de la liberación: liberarse de todo. La inteligencia es así un instinto de adaptación que entra en juego cuando fallan los demás instintos. Una consecuencia de esto es el hecho de que no podemos confiar a la razón aquello que la naturaleza la ha confiado al instinto, puesto que el instinto es lo más propio de la naturaleza.

La concepción de la vida, entonces, no incluye al viviente, sino sólo la vida como lo absoluto, pues el viviente es un organismo que se ordena a mantenerse intacto. En este sistema, Dios sería la causa del desequilibrio, al igual que todo aquello que interfiera con el equilibrio natural: aquí también se acomoda la educación tradicional.

Entonces, lo que se propone desde la perspectiva de la nueva pedagogía es que el niño es un mero organismo biológico, y que lo que importa es ayudarlo en su adaptación al entorno, a partir de las necesidades que brotan del instinto.

 

Sesión 4. Verdad y nihilismo en la pedagogía contemporánea

El tercer pilar de la nueva pedagogía es el pilar epistemológico, a la base del cual se encuentra Kant, quien con su obra lo que intenta es dar fundamento a la ciencia. De lo que se parte es de los juicios, pero no en el sentido aristotélico.

La pregunta clave es ¿cómo es posible la ciencia? Y la respuesta es que empieza por la sensación. Es un intento de superar el empirismo y el racionalismo. Afirma que todo conocimiento comienza en la experiencia, y toda experiencia sensible la referimos a los a priori espacio y tiempo, los cuales no están en la realidad, sino más bien en el sujeto. Lo único que podemos conocer es el fenómeno, no la cosa en sí – noúmeno – que no es accesible para nosotros. El fenómeno conocido es puesto en relación por el entendimiento según las categorías a priori del sujeto, como causa, por ejemplo. Conocer es entonces categorizar la experiencia en los a priori mentales.

No sabemos, en realidad, si la realidad es causal, pero como todos pensamos causalmente, entonces podemos hacer ciencia. Lo que hacemos es ciencia, pero sin verdad; nos entendemos no por la verdad de las cosas, sino porque compartimos los a priori. Existe, pues, una separación entre las cosas en sí y las cosas en mí, por lo tanto, no sabemos cómo es la realidad al margen de nuestro modo de conocerla: conocemos el conocimiento de las cosas, pero no conocemos las cosas.

A partir de todo lo anterior surgen las ideas de las que no es posible tener experiencia: Dios, alma y mundo; por lo tanto, no podemos hablar de ellas. Son ideas sintéticas, de las cuales no se puede tener experiencia, pero que las tenemos por alguna especie de necesidad. Al no tener experiencia de esto, no debemos hablar de ello.

En el presente, la psicología analiza la conducta del niño, pero no se puede hablar del alma, pues no es experimental.

El conocimiento es así un constructo común. Lo que nos hace caer en el constructivismo: construimos conocimiento.

Sin embargo, no queda aquí: los a priori son innatos y universales, pero surge el interrogante de si son estables o son cambiantes: la respuesta es la reestructuración, es decir, cada experiencia condiciona el conocimiento de la siguiente experiencia. Esta es una aportación de Piaget.

Entonces la pedagogía de hoy sugiere una educación a partir de la experiencia subjetiva: esto es un subjetivismo universal que conduce al subjetivismo y relativismo.

 

Estas conferencias están organizadas por el  AULA DE TEOLOGÍA DESDE EL CORAZÓN DE CRISTO, dirigida por el Pbro.  Lic. D. José María Alsina Casanova.

El Aula de Teología desde el Corazón de Cristo, adscrito al Instituto Superior de Estudios Teológicos San Ildefonso de Toledo, es una institución de investigación, formación y docencia en el ámbito de la Teología católica, cuyo fin es promover el estudio de la Teología, en cualquiera de sus especialidades (Dogmática, Fundamental, Bíblica, Patrística, Litúrgica, Moral, Espiritual o Histórica) desde la perspectiva del Sagrado Corazón de Jesús, en conformidad con el Magisterio vivo de la Iglesia.

 

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